Por Héctor Nuno González
Fotos cortesía
FutbolConnect
tuvo el inmenso placer de conversar con el arquero del Club Atlético Huracán, Mateo
Díaz Raful, que participa en la Liga Nacional de Futbol
para Ciegos y que desde muy pequeño respira fútbol en la Patagonia argentina.
Con
la amabilidad que lo caracteriza, Mateo contó parte de su trayectoria, además
de anécdotas hermosas que les permitirán conocer desde adentro todas las
particularidades que encierra el fútbol para ciegos, entre ellas una técnica
propia, pasión y sensación de libertad inenarrables. Que se los cuente él mismo.
HÁBLANOS DE TU TRAYECTORIA EN EL FÚTBOL HASTA LLEGAR A LA ACTUALIDAD
Mi nombre es Mateo Díaz Raful, tengo 23
años y soy de la Patagonia argentina. Nací en la provincia del Chubut, crecí en
Santa Cruz y actualmente vivo en Buenos Aires. El futbol está en mi vida desde
que tengo memoria, no puedo pensar en mi infancia sin recuerdos que involucren
una pelota.
De niño disfrutaba jugar de delantero,
porque como todo niño, lo que más quería era meter goles. Tengo algunos vagos
recuerdos de haber atajado ocasionalmente, pero nada muy claro hasta el que yo
considero el punto de inflexión de mi vida futbolística. A los 10 años me mudé
a un pueblo pequeño en la provincia de Santa Cruz, llamado Gobernador Gregores.
Allí un conocido me invitó a jugar al futbol en un club local para pasar el
rato. Lo que yo creía un rato de esparcimiento resultó ser un entrenamiento,
con un partido bastante competitivo.
Los jugadores me superaban ampliamente
en físico y edad, por lo que, sumado a mi condición de ‘nuevo’, me mandaron al
arco, como quien no quiere la cosa. Y fue ahí, en esa cancha de tierra donde me
enamoré del arco, atajando una pelota que venía desde la izquierda a mi primer
palo, tratando de cubrirme a mí más que evitar un gol.
En ese club comencé a jugar futbol 11 de
chico, pero tras algunos partidos donde mi desempeño fue penoso (especialmente
debido a mi falta de altura en la temprana adolescencia) decidí continuar
jugando de manera recreativa. Debido también a las condiciones climáticas, el
futbol de salón es muy prominente en la región, especialmente en mi pueblo,
donde los jugadores gozan de reconocimiento en competencias a nivel nacional.
El arco de 3m x 2m se volvió mi nuevo mejor amigo y jugué algún que otro torneo
a lo largo de mi adolescencia.
La parte competitiva del deporte nunca
se hizo muy presente en mí, ya que no me importaba conceder goles ‘fáciles’,
sino divertirme atajando, por lo que no me interesé en perseguir algún objetivo
deportivo especifico. En paralelo, comencé a jugar al handball, también de
arquero, pero tampoco tenía muchas ambiciones.
Si bien tengo recuerdos del futbol para
ciegos desde hace mucho tiempo ya, fue en mi adolescencia donde me empecé a
interesar por él, viendo partidos por internet de vez en cuando, añorando algún
día jugarlo, sabiendo lo difícil que sería por donde vivía yo. Pero la vida es
muy peculiar y nos conecta con la gente adecuada en el momento adecuado.
Otra de mis pasiones es tocar música. En
mi último año de secundaria, me anoté en un concurso de música regional donde
una de las instancias se realizaba en un pueblo que queda a 200 kilómetros de
donde vivía en ese momento. Allí, me percato que uno de los individuos que se
encontraba en el jurado era ciego, y tras conversar, me parece algo familiar.
Era David Peralta, jugador de los Murciélagos (la selección Argentina de futbol
para ciegos), oriundo de Comandante Luis Piedra Buena, este pueblo patagónico
cercano al mío.
Tras comentarle a David mi interés por
su disciplina y que al terminar la secundaria me mudaría a Buenos Aires, el me
invita a presenciar un entrenamiento de la selección cuando esté viviendo en la
capital. Pasó poco más de un año y allí estaba yo, en el CENARD (Centro
Nacional de Alto Rendimiento Deportivo), observando en vivo a esos jugadores
que un poco conocía sin haberlos tratado. Al final del entrenamiento, David me
saluda, agradece mi asistencia y me pregunta si estaría interesado en atajar en
‘algún equipo’.
Obviamente le dije que sí, y fue él
quien me introdujo con el entrenador de la selección juvenil para una prueba.
Tras esa penosa experiencia de la que hablaré más adelante, ingresé en el Club
Atlético Huracán, que es el único equipo para el que he atajado hasta ahora.
Desde comienzos de 2017 que estoy en el equipo, y más o menos en el 2019
comencé a afianzarme en el puesto.
A lo largo de este tiempo, con Huracán
logramos llegar al octogonal final los últimos dos años consecutivamente,
gracias al esfuerzo y el trabajo del equipo en conjunto, bien comandado por
nuestro entrenador Martin Wilkins. También no quiero dejar de agradecer al
responsable de mi fortalecimiento como arquero, el profesor Miguel Rocabado. Él
fue quien logró corregir todas mis falencias técnicas, y educarme para pasar de
ser un ‘atajador’ a un arquero de verdad. Actualmente la Liga Nacional de
Futbol para Ciegos se encuentra detenida debido al contexto global, pero
esperamos se pueda solucionar pronto para poder retomar los entrenamientos
presenciales.
CUÉNTANOS MÁS DE TU PASIÓN POR EL
FUTBOL, EL FÚTBOL PARA CIEGOS NO ESTÁ EXENTO DE TODA LA GRANDEZA QUE ENCIERRA
ESTE DEPORTE
Como mencioné anteriormente, mi pasión
por el futbol existe desde mi temprana infancia, por lo que no concibo una vida
sin jugar al fútbol aunque sea ocasionalmente. Sin embargo, atajar implica
tener una pasión distinta a la del resto. Aunque mi disfrute está más presente
en el gol evitado que en el realizado, eso no quita que no pueda apreciar ni me
emocione con un golazo increíble.
De las cosas más lindas que tiene el
fútbol son esos goles que te dejan sin aliento. Pero retornando a mi pasión en
particular, el fútbol para ciegos tiene algunas modificaciones específicas para
el arquero que lo hacen muchísimo más complicado de lo que parece. Como comenté
previamente, en mi primer acercamiento real a la disciplina, yo no estaba
acostumbrado a respetar el área límite de los arqueros (2m hacia adelante desde
la línea de gol, 1m hacia el córner desde cada palo), ni había tenido contacto
con la pelota (pesa poco más de medio kilo debido a las cápsulas sonoras y es
del tamaño de fútbol de salón), por lo que fue una experiencia totalmente
difícil.
Básicamente, no atajé una sola pelota.
Al mismo tiempo, el arquero debe oficiar de guía para sus defensas, ya que la
cancha se encuentra dividida en tercios, los cuales corresponden cada uno a su
llamador. En el tercio central, el llamador es el técnico del equipo; en el
tercio ofensivo, hay un llamador atrás del arco para los atacantes, mientras el
arquero ejerce su función con su equipo.
Respecto a mi puesto en esta disciplina,
muchos piensan que el hecho de atajar en un ‘arco chico’ (3,66m x 2,14m)
facilita la tarea, pero es importante aclarar que la potencia e
impredecilibidad de los disparos hacen que atajar en futbol para ciegos no sea
para cualquiera. Requiere de muchos reflejos, ya que la pelota suele rebotar
aleatoriamente en los jugadores, o de mucha claridad y coordinación para poder
guiar y atajar al mismo tiempo. Todo esto hay que realizarlo en un área
extremadamente reducida que imposibilita el recurso del achique, tan utilizado en
el fútbol de salón. Es una disciplina con técnica propia.
CONTINUARÁ…



Mateo es un chico absolutamente excepcional. No solo como arquero, sino tambien como persona: generoso, amable, empatico, simpatico, leal, alegre, consecuente, trabajador y familiero. Y como si todo eso fuera poco, sumamente inteligente con un corazon de oro.
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